La Realidad Base de la Belleza y del Concepto del Arte
Hablemos de la Belleza. Sandro Botticelli comentaba:
Me agrada pintar cosas bellas, pero más me gustaría saber por qué y para qué pinto
Me atrevería a responder de su parte diciendo que necesitaba pintar porque la realidad que percibía, tanto dentro de sí, como desde los estímulos externos, la realidad que le rodeaba, era un motor imparable para su espíritu, para su inspiración y que las tensiones que vivía su persona necesitaba plasmarlas en forma de pintura.
La referencia sobre la belleza siempre ha sido la REALIDAD. El hombre mirando, descubriendo, disfrutando de los grandes y pequeños elementos que tenía frente a sí en la vida, sabía lo que era bello. Auguste Rodin comentó:
El artista es el confidente de la naturaleza. Las flores conversan con él mediante la graciosa curvatura de sus tallos y los armoniosos colores de sus pétalos. Cada flor tiene una palabra amable para él.
Ese sería el aspecto de la realidad que, desde sus aspectos externos, atraen a la persona y se convierten en las leyes para que el hombre pueda saber qué es lo bello.
Pero este hombre, esta persona, también experimenta otro tipo de realidades. Estas son de índole interno, espiritual, psicológico: la muerte, el miedo, el amor, el odio, el afán de matar o de hacer el bien, la solidaridad, el deseo sexual…Estas vivencias también son una realidad brutal para la persona. Podríamos referirnos a la obra “El sentimiento trágico de la vida “ de Miguel de Unamuno. Cuando nos habla de la desazón del tener que buscar respuestas que nunca pueden terminar de encontrarse, nos sitúa ante el paréntesis total y únicamente válido como importante : Eros y Zanathos. El entremedio es toda nuestra existencia. La pugna entre ellos termina removiendo todo como el más potente motor de la vida. Por eso necesitaba pintar Botticelli.
La realidad. Nunca va a ser lo mismo vivir en un contexto montañoso, poblado de vegetación, o tener que enfrentarse a la vida en un entorno donde la aridez, el desierto, supone el hábitat ineludible, ya sean hielos o arenas, en climas donde el vivir parece más un sobrevivir.
Estos contextos de vida tan diferentes, harán que las mil facetas de la vida tengan un matiz u otro, unos resultados u otros. La vida irá perfilándose en las mil formas de responder a los problemas que surjan en el grupo humano. Serán las infinitas culturas que pueblan nuestra común tierra: con sus distintas lenguas, leyendas y mitos, objetos rituales o adornos, leyes y tabúes, esperanzas y castigos, la religión, los animismos, o los diferentes tipos de gobiernos y estructuras legales que cada grupo inventa para vivir y sobrevivir…También las manifestaciones artísticas harán referencia a los diferentes tipos de bellezas que cada grupo tenga presente en su cultura.
Los distintos materiales que rodeen nuestras vidas también harán que nuestros espacios habitables, nuestras arquitecturas, músicas, nuestros símbolos de glorificación o exaltación, nuestras esculturas
o plasmaciones plásticas, sean distintos. Para levantar una catedral en Europa van a necesitarse tanto de unos conceptos religiosos, como de unos materiales, de unas técnicas, de unas posibilidades económicas, que las tribus africanas, que apenas cuentan con el barro y el adobe, por ejemplo, nunca van a poseer. Pero, sin embargo, en un momento dado, las máscaras diseñadas en estas culturas africanas van a ser fundamentales en el desarrollo estético ( cubismo) del occidente todopoderoso. Paradojas de la historia.
Estas subestructuras van a ser la base donde se cimiente la percepción de la realidad y serán, por tanto, la base desde donde vamos a hablar de belleza. Y por lo tanto, de arte.
Desde el principio hablamos de belleza como de ese “Algo” que está ahí, fuera del hombre y que ilumina su sensibilidad. Pero eso no sería arte. La creación, la naturaleza, es verdad que va
a darnos las pautas de qué es belleza, es verdad que va a aportar las leyes donde se fijen los artistas para luego crear sus obras: formas, proporción, color, armonía, ritmos…son las leyes o pautas que el hombre va a intentar usar en la necesidad de imitar, de aproximarse a lo que tiene frente a sí y que percibe como bello. Llamamos arte a este trabajo en pos de la belleza, donde, conscientemente, interviene el hombre.
Para ser tenida como creación artística, siempre tiene que haber, de alguna manera, una manipulación por parte de la persona humana. Sin la participación de ésta, podremos hablar de belleza, pero no
de arte.
Los griegos aprendieron a encontrar la belleza en unas “ leyes” que les sirvieron de pauta y referencia para su crear artístico; en los elementos de la realidad encontraron proporción, orden, ritmos relacionados entre sí: ya sea mirando un árbol, viendo la relación de tamaño entre su copa y el tronco, o descifrando las proporciones que un cuerpo porta en sí mismo: entre la altura y la anchura, entre cada una de las partes de él… encontrarán sus leyes de la armonía. Este cuerpo, además, se relaciona con su entorno, con el paisaje, con los cielos, o con otros cuerpos…Así empiezan a hablar de proporciones, a relacionar las partes y el todo, harán lecturas de relaciones y armonías, de ritmos y proporciones y lo organizarán en orden y números, encontrando la exactitud de las matemáticas. ( los pitagóricos). Así llegarán a imaginar, a definir la Gran Belleza, convirtiendo su reflexión en filosofía, en trascendencia y religión…
Todo ese orden , proporción y relación entresacado de la observación de la naturaleza dará como resultado la afirmación de la existencia de la absoluta REALIDAD o realidad ABSOLUTA (tanto monta, monta tanto). Esta intuición o atisbo de lo absoluto nos aproximará a una cualidad de tipo religioso. El arte será belleza razonada, proporcionada, armonizada…y, por último, vía al mundo de lo religioso o mítico.
Desde el inicio, cuando el hombre ha querido trabajar construyendo arte, ha tenido a la REALIDAD – la religión como dimensión de lo Absoluto- como la primera referencia.
Las vivencias interiores, los sueños y anhelos, los deseos y los miedos, y sobre todo la experiencia de la muerte, también llegaron a formar parte de la REALIDAD que influye en el hombre como creador de arte.
Resumo e insisto. La historia del hombre, que se inicia con la referencia a la realidad Absoluta, la más importante para solucionar (quizá solamente, interpretar) los mil problemas con que se enfrenta la vida de un grupo humano, va a ser la referencia inicial del arte. Pero en la dinámica de las culturas y el pensamiento humano, se van a dar procesos donde, aunque, por un lado se mira de reojo a ese absoluto del que es difícil escapar a su influjo , por otro lado el hombre suspira por una autonomía, por una libertad mayor.
Con el Renacimiento se inicia un cambio en el concepto que el hombre tiene del mundo. La mirada “hacia arriba”, que alcanza su vértice en la Edad Media, llega a invertirse y el ser humano regresa, aprende, a “mirar a la tierra”. La realidad empieza a ser mirada de forma diferente. Dejará la mirada “hacia arriba” y tomará paulatinamente conciencia de la belleza de la naturaleza y del cuerpo humano, con una mirada más “ hacia abajo”. La cultura social comienza a dominar la tierra y a convertir las leyes mecánicas en ciencia. El mundo de los sentimientos religiosos, de lo irracional y espiritual, va a ir quedando, cada vez más, ahogado, supeditado, en el pensamiento lógico, caminando por lo racional. Lo religioso, con todos sus ritos, mitos y misterios, va a ir dejando de ser el absoluto de referencia y va a ser “otra cosa”. De buscar la belleza en las referencias religiosas o bíblicas ( en nuestro occidente ), se irá, pasando a una humanización a-religiosa, más autónoma…
Este proceso, aquí someramente enunciado, va a ser el recorrido de la historia del arte. Dentro de éste quisiera recoger una de las cualidades más importantes para el proceso de desarrollo y crecimiento de la persona humana. Es algo básico en todas las situaciones, tanto para los adelantos geográficos, como para los logros científicos y mecánicos y hasta en el recorrido que conlleva la propia historia del arte. Me refiero a la CURIOSIDAD: esa capacidad que la persona tiene de hacerse preguntas, de no dejar pasar las cosas por nuestro lado sin tenerlas en cuenta y de permitir que se introduzcan dentro de nosotros mismos para crear una inquietud, una pregunta: son los hechos de la vida, los sentimientos, lo que otros opinan, lo que otros hacen. Dejar siempre sitio al ¿por qué será así?
¿por qué lo habrá hecho de esa manera? ¿habrá querido decir algo?. Las preguntas serían infinitas. Y según sobre qué, dónde o cómo se nos presente la realidad, la pregunta va a ser diferente. Esa capacidad de preguntarse, esa curiosidad, va a poner en acción, va a mover, todos los resortes de nuestra persona: tanto los más externos como los más internos: ¿qué es?, ¿cómo está hecho? ¿por qué es así?. Si nos referimos al arte, las preguntas serán sobre las formas, el uso de los colores, sobre lo que nos extraña o maravilla. Este profundo ¿por qué? llega hasta los recovecos más inconscientes o espirituales del ser humano: ¿qué vivencias siento? ¿cuáles ha tenido el artista para hacer así esta obra?.
Esta capacidad de mirar y sentir sin dejar que las cosas nos resbalen sin más, es una cualidad que nos humaniza y enriquece. Esta curiosidad asumida hará que nuestra persona sea más honda, y, sobre todo, que estemos en más comunicación con esa realidad, cualquiera que sea, de la que hablamos.
La curiosidad por la realidad y su plasmación en las obras de arte nos va a servir para intentar hacer un seguimiento de la belleza, en general, y de las obras de arte en particular: de los nuevos caminos estilísticos que se nos ofrecen a la contemplación, tanto si se nos presentan llenos de escándalo y novedad, como si nos producen sentimientos gratificantes y de gozo.
Las formas artísticas suelen mantener su presencia escandalosa hasta que, con el paso del tiempo, se llegan a asumir sociológicamente. Es entonces cuando alguien vuelve a sentir la necesidad de empezar a caminar por nuevos derroteros, a romper, a revelarse contra lo oficial, contra lo que se tenía por absoluto e intocable. Ese nuevo artista necesitará hablar de la realidad de otra manera. En cada una de esas etapas, el concepto de la realidad va a ser visto de una forma diferente, nueva. Pero la realidad siempre estará presente como única referencia para el artista.
Los artistas renacentistas produjeron las obras más espléndidas del arte sensorial. Su fascinación por la naturaleza, paisaje, cuerpos…fue tan grande y potente, que determinó el desarrollo del arte visual para los siglos siguientes. Más tarde, otros representantes del arte sensorial: la realidad sentida, vista…buscaron la luz, el aire. Son los impresionistas.En esta línea, en los últimos tiempos, hemos llegado a poder distinguir u n tipo de arte denominado “Sensorial”, esto es, referido a la naturaleza como realidad de referencia y un tipò de arte “imaginativo” que se refiere más auna experiencia interior del artista de una manera “irrealista” o “abstracta”.
La historia está llena de miles de anécdotas que ilustran estas rupturas, estas búsquedas de nuevos camino y formas de aparecer el arte, y por lo mismo, la aparición de nuevos criterios de belleza.
Así, en ciertas épocas, la sociedad aceptará que se exponga en público un desnudo si detrás hay una referencia a leyendas o mitos. En este contexto los desnudos se ven como símbolos estereotipados en un cierto tipo de lectura cultural. De esa forma, los desnudos “no hacen daño” a la moral oficial. Pero, al mismo tiempo, esa misma sociedad, rechazará un desnudo que parezca ser la referencia a una persona individualizada, real. Estas ambigüedades de criterios, llenas de una moralina ramplona y cínica, se irá diluyendo poco a poco. Luego serán otras lecturas de la realidad las que habrá que romper. Más tarde la belleza podrá ser encontrada en un simple objeto intranscendente, como un simple plato de sardinas o en figuras que apenas recuerdan a una persona. Y así hasta el día de hoy donde se sigue avanzando, desbrozando visiones diferentes y caminos nuevos para la representación de la realidad de la vida, creándose, para ello, lenguajes plásticos, artísticos de nueva factura.
Nos podríamos plantear, desde la ruptura de la relación entre la realidad- belleza con la belleza- arte, es decir, entre la realidad externa y la realidad que el artista vislumbra en su propio interior, las visiones que intuye y nos expresa Goya con sus Pinturas Negras, o sus impresionantes grabados sobre la guerra o sus tauromaquias. En todas esas obras, se rompe, de forma definitiva, la referencia del arte a las apariencias de la realidad”natural” y nos encontraremos con trágicas deformaciones y nuevos “monstruos. Más tarde terminaremos buscando la belleza en la misma presencia de la materia, en las simples relaciones formales, para reducir la belleza a presencias, a abstracciones.
Hablar hoy de belleza nos plantea otros parámetros de libertad o de imaginación. ¿Ha cambiado la realidad?.¿Ha cambiado el concepto de arte?. Lo que básicamente ha cambiado ha sido la relación del espíritu humano con la realidad, y, por lo tanto, con el planteamiento de las leyes del arte y la belleza.
A S. Francisco de Asís, la belleza del cosmos le sirvió para crear el magnífico Canto de las Criaturas. La brisa que nos trae la mañana, o el reflejo y los brillos del agua en una torrentera, los difuminados de la distancia perfilando los montes, la noche estrellada, o las tormentas oscuras y densas, el pálpito ante la serenidad de una noche de luna, el fulgor del sol brillante y poderoso…Todas estas vivencias, que, por otro lado, no son más que los parámetros y las leyes donde el hombre ha sabido aprender qué es la Belleza, han transportado a cientos de artistas a lo largo de muchas generaciones a dimensiones de transcendencia, incluso teológicas: para Sto. Tomás de Aquino la Creación, como Gran Belleza, será el espejo donde podremos vislumbrar a su Hacedor. La realidad es tratada como un camino para la fe en Dios. También los artistas, artesanos que nos acercaban a esa realidad cósmica, se convertían en artífices de dimensiones transcendentales. ( a lo que se añadía que el poder religioso era el gran mecenas que utilizaba a los artistas para narrar sus propias lecturas ideológicas y de apología ). Pero no está en mi ánimo criticar estos hechos que han dejado nuestro occidente plagado de maravillosas obras del espíritu.
Mi deseo es hablar de la misteriosa relación que se crea entre la realidad, el artista, la propia obra que surge de él y el espectador. En esta línea del pensamiento, oía a Kiefer ( impresionante exposición que recientemente se ha exhibido en el Gugenheim de Bilbao), dentro de una larga entrevista, decir lo siguiente: “ La única manera de salir de este mundo es a través del arte “.
Hoy la referencia trascendente o religiosa ha cambiado o casi desaparecido, aunque, trabajos realizados hoy en día por artistas no creyentes, son capaces de emocionarnos y de crear joyas potentísimas dentro del concepto de la espiritualidad cristiana. Así, por ejemplo , el maravilloso templo construido en pleno siglo. XX ,como puede ser la basílica de Arantzazu.
Por contrapartida, el hombre hoy también está más solo que nunca. Federico Nietzsche ya nos dijo que Dios había muerto. Sentimos su orfandad. (no vamos a hablar de las nuevas religiones que nos rodean con sus hálitos salvíficos: la ecología, la belleza del cuerpo y su salud, los mitos sociales a imitar, la virulenta violencia de la velocidad…)
Quisiera volver a recalcar esa rotunda afirmación de Kiefer. El arte nos libera de la realidad inmediata porque se convierte en un inmenso abismo de espiritualidad, plagado de símbolos sobre la vida y la muerte. Se convierte en un gran brocal, donde cada vez que nos asomamos, intuimos , en su oscuridad lejana, – por misteriosa – un fondo que nos refleja una nueva forma de leer la vida, que no pensábamos que pudiera darse o existir… Esta lectura nueva de la realidad de la vida es el misterio de la Belleza, del Arte. Y, aunque la sociedad y el individuo se sienta muy seguro en su propio ser y en sus criterios, no debiéramos perder de vista lo que decía L. Scheffer:”Los que hacen verdadero arte son pocos, los que lo aprecian son menos”.
De todas formas, es difícil entender que a los guardianes de la muerte que gestionaban los campos de exterminio alemanes les emocionara escuchar a Bach o Mozart. Es decir, parece que tampoco es fácil ser más humanos, sólo desde este misterio que llamamos belleza y arte, y que hoy en día, en sus manifestaciones más generalizadas, al menos, forma parte de nuestra cultura colectiva.
Vuelvo al principio de estas líneas, a hablar de la Belleza, para, a modo de resumen, afirmar rotundamente que toda Belleza, es una comunicación honda con la realidad. Una dimensión profunda que nos conmueve y permanece como las grandes raíces que recorren la tierra sin dejarse ver más que a través de pequeños atisbos que son cada obra de arte genial. Desde ahí quizá podamos insinuar que la belleza no es de lo que la posee, sino de quien la sabe mirar desde fuera.
Por eso los artistas, hacedores de ese nuevo orden y vida, de nuevas proporciones y armonías, son una especie de nuevos sacerdotes, gurús de una nueva espiritualidad. Hacedores de nuevas realidades que nos abruman. Ese nuevo sumo sacerdote es el que nos puede llevar, con sus obras, al escalofrío de la revelación de algo sublime o terrible.
Franc Marc, muerto en la Gran Guerra, dijo:” los grandes artistas no buscan sus formas en las brumas del pasado, sino que toman las resonancias más hondas que pueden del centro de gravedad auténtico y más profundo de su tiempo”(citado por Jung ).
He dejado escrito en párrafos anteriores que hay un tipo de personas que van contra lo constituido, contra las leyes que están en vigencia y pasan sobre ellas haciendo otras lecturas de la realidad y creando nuevas leyes del arte y de la belleza. Nunca se ha entrado en esas nuevas tierras del arte con una agradable bienvenida. Es difícil saber la intención del artista porque siempre tiene que ver con la ensoñación como forma nueva de ver, y ese misterio siempre es doloroso o, por lo menos, ambiguo y poco atrayente, por la aventura que nos fuerza a recorrer.
La vida y la historia del arte se convierte en un ir tras ese sueño, tras ese reto.La persona se introduce en ese reto con una mezcla de gozo y miedo, ansias e incertidumbres. Son las genialidades que marcan hitos, que abren puertas. De ahí el reconocimiento que, con el paso del tiempo por lo menos, la historia hace a los artistas y la asunción de las profecías culturales de éstos, avanzadillas de una experiencia de la realidad diferente y, a veces, hasta de una forma de vida distinta.
Para terminar quisiera referirme a las personas que debieran ser capaces de establecer puentes de referencia y claridad entre el arte y el espectador. Serían los críticos. Con su palabra debieran poder desgranar los misterios del arte a las personas que quisieran acercarse a ese terreno. Pero tengo la impresión de que su lenguaje roza un “autismo” autosuficiente más que una pedagogía de claridad. En general muchas veces sentimos la sensación de una desconexión o de un lenguaje “cerrado” y expuesto sólo para iniciados.
Realidad, persona y obra de arte. Ecuación donde lo que verdaderamente importa es la relación que la persona pueda establecer, en directo, con la obra de arte, es decir con el espíritu que ella le ayuda a encontrar en su propia persona.




