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Ignacio Aguinaga

Javier Lercundi Esnal | Apirila, 2009 | Inprimatu Inprimatu

Resulta curioso el desconocimiento de la mayoría de los ciudadanos de Zarautz y Getaria, los más jóvenes en particular, de quién fue D.Ignacio Aguinaga. A la pregunta que a menudo se nos hace de quién es la persona que más a trabajado para la mejora urbanística en nuestra zona contestamos sin dudar : D. Ignacio Aguinaga. La extrañeza general a esta aseveración necesitaba hace tiempo una explicación razonada y justificativa que nos atrevemos a realizar en esta semblanza.

No hemos requerido a la familia, aún vive su viuda y conocemos a dos de sus hijos, para que nos aporten datos que pudieran corroborar lo que afirmamos. Tampoco hemos constatado los hechos que narramos con ninguna documentación oficial, que seguro que abunda. Merece que algún estudioso recopile la documentación y testificación necesaria sobre personaje tan singular y crucial para el urbanismo de Getaria y Zarautz.

Salvo se nos corrija, Ignacio era hijo de Constantino Aguinaga, letrado de cierta alcurnia. Eran varios hermanos y una hermana al menos que se  casó con el Notario Izturiz. Su familia poseía varias propiedades, entre ellas la casa del actual BBVA, Txiki-Polit, el Hotel Miramar,…, por lo que entendemos que no sufrió agobios económicos.

Estudió Derecho y se incorporó al Cuerpo de Secretarios del que formó parte hasta el final.

Incorporado al Consistorio de Zarautz durante la República, creemos que a título de Secretario, emprende la prolongación de la  Alameda de Madoz(actual Nafarroa Kalea) hasta Iñurritza enfrentándose con toda la aristocracia propietaria de las villas de Mendilauta.

De la época de la guerra y en la posguerra hemos oído alguna historia de huída, exilio, Ibiza, etc… de las que no tenemos noticias ciertas. La verdad es que Ignacio no tenía filias o fobias políticas. Sus enemigos o amigos eran los mismos que lo son de la naturaleza, el paisaje, la historia, las buenas costumbres…

En los años cincuenta lo hallamos como secretario del Ayuntamiento de Getaria, donde permanecerá hasta mediados de los setenta.

La Ley de Régimen Local otorgaba muchas facultades y, a la vez, responsabilidades a los secretarios. La exigencia del cumplimiento estricto de las normas y ordenanzas trajo de cabeza a los distintos alcaldes y ediles de la Villa costera.

En la posguerra, en tiempos de hambre y racionamiento, se ocuparon los terrenos estatales del monte San Antón con pequeñas huertas y patatales, se construían chabolas y alguna que otra construcción de mayor porte. Pasadas las épocas de penurias denunció la ilegal ocupación y mandó derribar todas las edificaciones y volver los predios a su estado inicial. Recuperó para los pájaros, como se decía, toda la isla. Las enemistades granjeadas le durarían toda la vida.

A su vez, en el Casco Histórico, las ansias de cambios, obras y remodelaciones de los getariarras choca con la defensa a ultranza de su Secretario de los valores histórico-artísticos de cada piedra, madera y balaustra. Simultáneamente contacta con los titulares de las Delegaciones de Vivienda, Urbanismo y Cultura en la capital donostiarra recabando el amparo legal a sus actuaciones.

Las zonas rurales le ofrecen a él una mayor atención, si cabe, para su quehacer de defensa de los existente. No autorizó ninguna construcción que no fuera meramente ganadera o agrícola, y aún estas tuvieron que cumplir con muchas condiciones de adaptación al entorno, cosa inusitada en aquel entonces. En los terrenos de Getaria que dan hacia Zarautz se construyó una pequeña industria ilegalmente, y él luchó personalmente contra dicha licencia, no pudiendo legalizarse hasta que el dejó de ser funcionario de Getaria.

En los años setenta vuelve a Zarautz de secretario.

El primer acto que realiza es el de constatar la legalidad del Plan General de Muguruza de 1.946, y no las interpretaciones de la misma se iban dando por parte de los distintos técnicos y ediles.

La separación de los treinta metros del malecón de los edificios de la primera linea de playa se estaba incumpliendo en Muskaria, Torremar, etc y se estaba construyendo una villa al final de la playa dentro de esos límites. Suspendió la licencia de dicha villa y al final fue derribada, increíble en aquel tiempo.

Solicitó de la Comisión Provincial de Urbanismo la redacción de unas Normas Complementarias, para que interpretaran legal y correctamente el Plan Muguruza, y redactadas por el titular de la Comisión José Ramón Marticorena, fueron las que estuvieron vigentes hasta que ya en la Transición, Murua encargó las definitivas Normas Subsidiarias de Planeamiento al grupo de Angel de la Hoz y compañía.

Anteriormente influyó ante el alcalde Gervasio Juaristi para encargar al arquitecto Juan Manuel Encío, amigo suyo del grupo Ibero, un Plan General que luego no llegó a tramitarse. En ese Plan General existe parte de la sensibilidad de Ignacio que supo trasmitir a Encío. Al menos habría que tener en cuenta los diseños para el parque de Torre Luzea y del caso de Zarautz en general mucho mejores que las tramitadas últimamente.

Se jubiló, y, cumplida su misión falleció al poco tiempo.

Fuera de su trabajo no existía otro entretenimiento que la defensa de la naturaleza, prolongación de su tarea en el Ayuntamiento. Desde los años cincuenta forma parte de Aranzadi, se inscribe en Munibe, forma parte del grupo Ibero con Encío o Manzano Monís, es amigo de los Pintores Paisajistas ante los cuales ofrece una conferencia en el Aula de Cultura del Ayuntamiento de San Sebastián en el año mil novecientos cincuenta y cuatro, texto que hemos podido recuperar del archivo de Aranzadi en Internet.

Hombre solitario, sobrio, abstemio a nuestro entender, no le encontraríamos en ningún bar y sí tropezarnos con el en cualquier vereda poco transitada de nuestros montes.

Con ocasión de una consulta en el Ayuntamiento de Getaria, sabiendo que yo iba a ir, y sintiéndose indispuesto dejó dicho que fuera a su casa. Allí me atendió correctamente, me mostró sus aficiones a las plantas, aves, libros,..buscaba un alma gemela que compartiera sus gustos,…quizás, yo, arquitecto bisoño, no le ofrecí la sensibilidad suficiente…. Más tarde, ya secretario de Zarautz, tuve dos o tres entrevistas por mis trabajos y siempre demostró la misma postura de servicio al ciudadano sin menoscabo alguno de la legalidad.

Familia de recursos económicos suficientes, como hemos dicho, fue vendiendo poco a poco el patrimonio inmobiliario. Creo que él no se preocupó mucho de eso que llamamos, ” el estiércol del diablo”. Su vida, citando a Horacio en el “Beatus ille”, en la versión de Fray Luis de León, autores que gustaba citar Ignacio, diremos que “dichoso aquel que sigue la escondida senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido”.  

Si él ejerciera aún, no habría habido el escándalo del Balenciaga. Simplemente no se hubiera construido en un parque.

Si el fuera secretario en Zarautz no se edificaría en los terrenos comprados al Convento Santa Clara. Simplemente porque son declarados  “Zona verde jardín del Convento Santa Clara en peligro de desaparición y espacio abierto que resulta indispensable como elemento de separación de la zona residencial e industrial, siendo lógico que conserve, con prohibición absoluta de edificarse en ella”, art. 12 de las Normas Urbanísticas Complementarias de Planeamiento aprobadas en la Comisión Provincial de Urbanismo del 11 de Junio de 1.976.

Le debemos a Ignacio la conservación de San Antón, el casco poco alterado de Getaria, el malecón de Zarautz ampliado luego gracias a las medidas iniciales tomadas por él, le debemos mucho del paisaje conservado, el ejemplo de integridad, austeridad y ser pionero de lo que hoy llamamos ecologistas en años en los era una osadía y una condena al ostracismo como le supuso a Ignacio. Era un hombre de honor, un Quijote, el último Quijote echando en falta un Sancho en su compañía en quien cargar sus cuitas.

Como hemos señalado al inicio, este es un escrito de remembranza del que suscribe pudiendo errar en algunos datos y, por supuesto, diferir en las apreciaciones con la de los lectores que conocieron a Ignacio.

Sirva el presente en señal de agradecimiento y homenaje a Ignacio Aguinaga.

Gora